Últimamente siento que algo no está bien conmigo, aunque no sé exactamente qué es y tampoco creo que sea algo que pueda arreglar simplemente descubriendo qué estoy sintiendo. Hay días en los que estoy triste y sé que estoy triste, otros en los que me siento sola aunque no esté sola, otros en los que algo me da culpa y no sé ni siquiera si debería sentirme culpable, y también están esos momentos en los que alguien intenta acercarse a mí y lo único que quiero es alejarme, aunque unos minutos antes hubiera estado deseando que alguien lo hiciera. Es extraño porque no siempre quiero dejar de sentir esas cosas, a veces incluso quiero sentirlas, quiero poder entenderlas y saber qué hacer con ellas, pero cuando finalmente están ahí se sienten mucho peor de lo que imaginaba.
No sé en qué momento empecé a sentirme así con casi todo. Las cosas malas duelen, obviamente, pero las buenas tampoco se sienten bien. A veces algo debería hacerme feliz y en lugar de eso me deja una sensación rara, como si no pudiera disfrutarlo del todo, como si hubiera algo detrás que no estoy viendo o como si no debiera estar sintiéndome así. Y no es que piense que todo va a salir mal, al menos no conscientemente, solo que hay algo que se siente diferente. Incluso cuando no está pasando nada particularmente malo, sigo sintiéndome un poco enferma. Es como si ya no supiera recibir algo bueno sin esperar, aunque sea en el fondo, que tarde o temprano algo venga a quitármelo.
Y estoy enojada. No sé exactamente con quién, porque no creo que exista una persona a la que pueda culpar por todo esto, ni siquiera a mi, así que a veces termino enojándome con la vida misma, lo cual probablemente sea una de las cosas más inútiles con las que podría enojarme. Me molesta que las cosas puedan cambiar de un momento a otro y que tenga que continuar como si eso fuera una parte normal de estar vivo. Me molesta que algo pueda estar bien durante mucho tiempo y después dejar de estarlo sin que haya una oportunidad de prepararse, de despedirse o siquiera de entender qué está pasando. Me molesta que la vida no tenga ningún problema en seguir avanzando aunque todavía esté intentando entender lo que acaba de pasar.
También me molesta que las cosas buenas sigan ocurriendo. No porque no las quiera, sino porque quisiera poder disfrutarlas sin pensar en cuánto pueden durar. Quisiera que algo bueno pudiera simplemente ser bueno y ya, sin que una parte de mí estuviera esperando descubrir cuánto va a costar después. Y sé que probablemente no tiene sentido vivir pensando así, pero tampoco puedo obligarme a dejar de sentirlo solo porque sé que no tiene sentido.
Quizá lo peor es que no sé qué hacer cuando alguien me importa. No sé qué hacer con la culpa, ni con la tristeza, ni con extrañar a alguien, ni con querer que alguien se quede cerca. Hay veces en las que quiero decir cosas y no las digo porque no sé cómo hacerlo, y después me quedo pensando demasiado en ellas. Otras veces alguien intenta ayudarme y termino cerrándome, aunque una parte de mí quisiera dejarlo entrar. Me cuesta entender por qué puedo querer algo y al mismo tiempo sentir que necesito alejarlo de mí. Supongo que es más fácil cuando no necesito nada de nadie, aunque después también sea mucho más fácil sentirme sola.
A veces odio sentir algo por alguien. No necesariamente porque lo que siento sea malo, sino porque en cuanto alguien empieza a importarme aparecen demasiadas cosas que no sé dónde acomodar. Querer a alguien significa que puede hacerme falta, que puedo preocuparme, que puedo sentir culpa, que puedo extrañarlo, que puedo tener miedo de perderlo y que incluso puedo terminar lastimándolo sin querer. A veces parece mucho más sencillo no necesitar a nadie. O fingir que no necesito a nadie. No sé cuál de las dos cosas hago más seguido.
Y hay cosas que no sé si debería seguir pensando. Cosas que en su momento parecían normales y que ahora, cuando las recuerdo, tienen otra forma. No sé si realmente significaban algo o si soy yo intentando encontrarles un significado porque ahora conozco el final. A veces pienso que tal vez había cosas que debí notar, otras veces pienso que no habría cambiado nada aunque las hubiera entendido. Hay momentos que no parecían importantes hasta que dejaron de poder repetirse, y entonces empiezo a preguntarme si debería haberlos mirado de otra manera mientras todavía estaban ocurriendo.
Supongo que también hay una parte de mí que sigue esperando encontrar un punto exacto donde todo cambió. Como si pudiera regresar hasta ahí y encontrar la versión de mí que todavía no sabía lo que iba a pasar. No necesariamente para cambiarlo, porque ya sé que no puedo, sino simplemente para entender en qué momento dejé de sentirme igual. Pero nunca encuentro ese punto. Siempre hay algo antes, algo que ya estaba mal, y algo después que terminó siendo peor, y entonces tampoco puedo decir que todo empezó en un solo momento.
Eso es lo que más me confunde. No puedo decir que antes estaba bien y después dejé de estarlo porque nunca he estado completamente bien. De hecho, durante mucho tiempo me costó incluso entender qué sentía. Tenía que analizar las cosas hasta encontrarles un nombre porque, si no lo hacía, simplemente sabía que algo estaba pasando pero no podía reconocerlo del todo. Y aun así, hubo un momento en el que sentía que las cosas estaban empezando a mejorar. No era una felicidad enorme ni nada parecido, solo una sensación de que tal vez podía estar tranquila, de que tal vez algunas cosas podían quedarse como estaban por un tiempo.
Y ahora no sé qué pasó con esa sensación. A veces vuelve, pero ya no se siente igual. Es como si incluso cuando estoy bien hubiera algo que no termina de encajar, algo que me recuerda que estar bien no significa que vaya a durar. Tal vez por eso algunas cosas buenas me hacen sentir tan extraña. Tal vez por eso algunas cosas malas se sienten mucho más grandes de lo que deberían. Tal vez simplemente estoy cansada de que todo tenga consecuencias que no puedo prever.
No sé si estoy triste por todo lo que ha pasado, si estoy enojada, si estoy cansada o si simplemente me acostumbré a sentirme así. Probablemente sea un poco de todo, aunque tampoco estoy segura de que ponerle nombres ayude demasiado. Hay días en los que quisiera poder volver a sentirme como antes, pero tampoco sé exactamente cómo era ese antes, porque incluso entonces había cosas que no estaban bien. Solo recuerdo que durante un tiempo parecía que podía estar tranquila y que después algo cambió, y desde entonces todo se siente un poco más difícil de llevar.
A veces pienso que no me estoy volviendo más sensible ni más triste, solo estoy acumulando cosas que no sé dónde poner. Y mientras más acumulo, más difícil se vuelve distinguir una de otra. Ya no sé qué pertenece a hoy, qué pertenece a hace meses y qué llevo mucho más tiempo cargando. Hay cosas que todavía me duelen aunque ya no sepa explicar por qué, cosas que me dan culpa aunque no esté segura de haber hecho algo malo, cosas que extraño aunque tampoco sepa exactamente qué es lo que extraño. Y supongo que eso es lo que más me molesta, no poder ordenar nada de esto y tener que seguir viviendo mientras todo permanece mezclado.
Probablemente por eso últimamente siento que algo dentro de mí lleva demasiado tiempo ahí. No sé si debería sacarlo, entenderlo o simplemente dejarlo estar. Tampoco sé si todavía estoy intentando sentir más o si ahora solo estoy intentando aprender a soportar todo lo que finalmente conseguí sentir. Hay días en los que quisiera que algo se callara y otros en los que me da miedo volver a no sentir nada. Y entre una cosa y otra sigo aquí, tratando de entender qué parte de todo esto me pertenece y qué parte simplemente se quedó conmigo porque no supe cómo dejarla atrás.
A veces siento que todo se está quedando dentro de mí. Las cosas que no dije, las que dije demasiado tarde, las que no sé si fueron escuchadas, las que todavía me dan culpa, las que extraño, las que quiero, las que desearía no querer y las que sí dije. No sé cuánto tiempo puede quedarse todo eso ahí antes de empezar a cambiar de alguna manera.
Por eso siento que me estoy pudriendo.
Para este dibujo quería hacer algo que realmente se viera desagradable. No sé por qué tenía tan claro que quería que fuera grotesco, pero desde el principio sabía que quería llenar la boca de larvas y que se vieran incómodas. Me gusta dibujar cosas que normalmente no consideraría bonitas, pero esta vez quería llevarlo un poco más lejos y hacer que la primera impresión fuera de rechazo. Al final no sé si lo conseguí, porque creo que los colores terminaron haciendo que se viera mucho menos grotesco de lo que imaginaba.
Fue algo que noté hasta que ya estaba bastante avanzado y no quise corregirlo, lo acabé más por no dejarlo a medias que porque de verdad quisiera terminarlo. En mi cabeza lo imaginaba mucho más desagradable, pero al momento de ponerle color terminó teniendo algo casi bonito, lo cual me resulta un poco gracioso porque definitivamente no era lo que estaba intentando hacer.
Al final no quedó tan grotesco como quería, pero tampoco me molesta. Creo que incluso me gusta un poco que haya quedado diferente a como lo imaginaba. Hay algo raro en intentar hacer algo desagradable y terminar haciendo algo que puedo mirar sin querer apartar la vista. Tal vez no necesitaba que diera asco de verdad, solo necesitaba que se sintiera un poco fuera de lugar.
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