- Un cajón que ya no cerraba.
- La costumbre de guardar cosas aunque no hubiera espacio.
- Una puerta que todavía no sabía si se iba a abrir.
- Un nombre escrito demasiado arriba.
- Una caja llena de pruebas casi iguales.
- Una línea que se negó a pasar por donde debía.
- El impulso de desarmar algo solo para preguntar por qué.
- Algo que parecía aterrador hasta que dejó de serlo.
- Un montón de figuras esperando.
- La idea de que quizás no era el poblema.
3.8.26
Cosas que el gato guardó en julio
12.7.26
"Que cagado sería ganar"
Siempre he dicho que me gusta mi carrera, pero no de una forma particularmente intensa. Me gusta aprender cosas nuevas, resolver problemas y desarrollar proyectos, pero nunca fui de buscar concursos o actividades extra relacionadas con la carrera. Asumía que esas cosas eran para personas mucho más apasionadas que yo.
Si soy sincera, nunca tuve mucho interés en participar en el Hackatec. No porque me pareciera una mala idea, simplemente era una de esas cosas que veía desde lejos y asumía que eran para otro tipo de personas. Por eso resulta extraño que haya terminado participando.
Un profesor nos habló del evento el último día de registro. Entre comentarios, dudas y decisiones tomadas a última hora, terminé inscribiéndome junto con mis amigos. Después formamos un equipo con personas con las que no esperaba trabajar y, antes de que pudiera pensarlo demasiado, ya estábamos registrados.
Después de registrarnos ya no teníamos tantas ganas de participar. No ocurrió nada en particular, simplemente desapareció el entusiasmo inicial y apareció el arrepentimiento de haber aceptado participar a último momento. Recuerdo que entre mis amigos y yo esperábamos que sucediera algo que nos impidiera ir, cualquier cosa: un problema con el registro, algún cambio de último momento (como que volviera a cambiar el semestre límite para participar), cualquier excusa razonable para decir "bueno, al menos lo intentamos". Pero nada pasó, incluso lo que pudimos utilizar como excusa fue resuelto bastante rápido y al final terminamos presentándonos.
2.7.26
Cosas que el gato guardó en junio
- Un lugar nuevo dónde podía existir sin explicar demasiado.
- La duda de cómo deben separarse las cosas.
- Una hoja negra donde aún quedaba espacio.
- Un reloj sin manecillas, por si un día lo necesitaba.
- Tres palabras que no quiso usar.
- Una señal de vida hecha con garabatos.
- Una frase que parecía pequeña, pero no lo era.
- El intento de ordenar algo que no quería ordenarse.
- Una etiqueta vacía, doblada por la mitad.
- La duda de si algo puede ser una herida y algo más al mismo tiempo.
17.6.26
El problema de que las cosas salgan bien
Día incierto, hora indeterminada
Durante mucho tiempo pensé que encontrar algo sería suficiente, no sabía exactamente qué, un nombre, una respuesta, una pista o cualquier cosa que pareciera importante. Me parecía que el verdadero problema era no encontrar nada. Por eso salía a caminar, revisaba cajas olvidadas en algún rincón, abría puertas extrañas y llenaba páginas de esta bitácora con preguntas que no sabía responder. Estaba convencido de que, tarde o temprano, encontraría algo que lo explicara todo, una señal lo bastante clara para entender quién era, hacia dónde iba o qué debía hacer después. Mientras esa señal no apareciera, podía seguir buscando, mientras no hubiera respuestas, podía seguir haciendo preguntas y mientras no encontrara nada, todavía no era necesario decidir nada.
Hace poco me di cuenta de algo incómodo. Sí he encontrado cosas, tal vez no tantas como imaginaba cuando empecé, pero sí más de las que tenía entonces. Encontré una casa donde quedarme, un taller lleno de objetos olvidados, herramientas que poco a poco he aprendido a usar, caminos que antes no estaban y habilidades que no sabía que poseía. Incluso he encontrado algunos compañeros de viaje, aunque algunos solo aparecieron por un momento antes de desaparecer nuevamente entre los árboles. Si analizo con honestidad, es evidente que ya no estoy en el mismo lugar donde empecé.
Y aún así sigo sintiendo que me falta algo.
5.6.26
Ruido
Día incierto, hora indeterminada.
Hoy regresé a mi cabaña con la cabeza llena de ruido. No era un ruido que pudiera escucharse desde afuera ni algo que hubiera entrado conmigo por la puerta. Era más bien una sensación extraña, como si hubiera caminado durante horas cargando un saco invisible sobre los hombros. Las palabras exactas ya empezaban a borrarse mientras avanzaba por el camino de regreso, pero la sensación seguía ahí, pegada entre el pelaje y el suéter, ocupando espacio incluso cuando intentaba pensar en otra cosa.
Intenté distraerme con algunas tareas pequeñas. Ordené un poco el taller, acomodé algunas cosas que estaban fuera de lugar y hojeé la bitácora sin encontrar nada que quisiera escribir. Sin embargo, el silencio a mi alrededor no lograba hacer desaparecer lo que traía encima. Era como si ciertas palabras dejaran residuos, pequeñas astillas difíciles de encontrar y todavía más difíciles de sacar. Aunque el lugar estaba tranquilo, seguía sintiendo ese cansancio raro que aparece cuando uno pasa demasiado tiempo rodeado de cosas que preferiría no escuchar.
3.6.26
Estoy aburrido
Hoy me desperté sin ganas, sin pistas que seguir ni nada que rasguñar.
El sol entraba suave, como si no quisiera molestar. Y aún así, me molestó. No porque diera luz, solo por no traerme nada nuevo.
Caminé un poco por mi cabaña; probé morder una hoja seca, pero no sabía a nada interesante; subí a la mesa, me bajé y me subí otra vez; me tiré en el suelo; me cambié de rincón. Nada estaba mal, pero nada me llamaba.