12.7.26

"Que cagado sería ganar"

Siempre he dicho que me gusta mi carrera, pero no de una forma particularmente intensa. Me gusta aprender cosas nuevas, resolver problemas y desarrollar proyectos, pero nunca fui de buscar concursos o actividades extra relacionadas con la carrera. Asumía que esas cosas eran para personas mucho más apasionadas que yo. 

Si soy sincera, nunca tuve mucho interés en participar en el Hackatec. No porque me pareciera una mala idea, simplemente era una de esas cosas que veía desde lejos y asumía que eran para otro tipo de personas. Por eso resulta extraño que haya terminado participando.

Un profesor nos habló del evento el último día de registro. Entre comentarios, dudas y decisiones tomadas a última hora, terminé inscribiéndome junto con mis amigos. Después formamos un equipo con personas con las que no esperaba trabajar y, antes de que pudiera pensarlo demasiado, ya estábamos registrados.

Después de registrarnos ya no teníamos tantas ganas de participar. No ocurrió nada en particular, simplemente desapareció el entusiasmo inicial y apareció el arrepentimiento de haber aceptado participar a último momento. Recuerdo que entre mis amigos y yo esperábamos que sucediera algo que nos impidiera ir, cualquier cosa: un problema con el registro, algún cambio de último momento (como que volviera a cambiar el semestre límite para participar), cualquier excusa razonable para decir "bueno, al menos lo intentamos". Pero nada pasó, incluso lo que pudimos utilizar como excusa fue resuelto bastante rápido y al final terminamos presentándonos.

Creo que desde el inicio nuestro equipo era un poco extraño. Mientras observábamos a los demás participantes daba la impresión de que todos sabían exactamente lo que estaban haciendo. Se veían organizados, concentrados y preparados. Algunos medían tiempos, distribuían actividades y parecían tomarse cada minuto con absoluta seriedad. Nosotros no.

Nosotros trabajábamos, pero también nos reíamos. Hablábamos del proyecto y después estábamos discutiendo cualquier otra cosa, hacíamos pausas, regresábamos al trabajo y luego volvíamos a distraernos. Durante gran parte del evento tuve la sensación de que los demás equipos de verdad querían ganar mientras nosotros parecíamos personas que habían llegado ahí por accidente.

Eso se notaba especialmente cuando entraban a tomar fotografías. Los demás equipos aparecían concentrados, serios y profesionales y nosotros casi siempre estábamos riéndonos. Después de la primera ronda de publicaciones comenzamos a notar que ni siquiera aparecíamos en las fotografías oficiales y alguien comentó: "Qué cagado sería pasarnos el día riéndonos con todos los equipos serios y aun así ganar". En ese momento parecía una idea absurda.

Hubo preocupaciones bastante absurdas también. Cuando realizamos el registro no teníamos nombre para el equipo, así que nuestro asesor terminó proponiendo uno que realmente a nadie del equipo le gustó. De hecho, una de nuestras preocupaciones más importantes era que nos daría mucha wewencha escuchar ese nombre frente a todos si llegábamos a ganar algo. En aquel momento parecía una preocupación completamente ridícula. 

Otra cosa que me preocupaba era dormir. Había escuchado suficientes historias de personas que ya habían participado para asumir que terminaríamos trabajando toda la noche. Pensé que dormir sería prácticamente imposible y que llegaríamos al segundo día funcionando únicamente gracias al café y las malas decisiones. Pero tampoco ocurrió, al contrario, sí dormimos. No mucho, pero bastante mejor de lo que esperaba. De hecho, he pasado noches mucho peores trabajando para algunas materias que durante el propio Hackatec.

Mi suerte tampoco ayudó demasiado (o tal vez sí). Sortearon los lugares de las mesas y me tocó la última, después sortearon los temas y me volvió a tocar el último, al final sortearon los turnos para exponer y otra vez terminé al final. Después de la tercera ocasión ya parecía una tradición más que una coincidencia.

Durante el segundo día tuvimos que asistir con ropa formal para presentar nuestro proyecto. Elegí unos zapatos que parecían una excelente idea cuando salí de casa y una pésima idea varias horas después. Mientras preparábamos la exposición sentía una molestia constante, pero estaba demasiado ocupada pensando en otras cosas para prestarle atención, el dolor parecía estar esperando. Terminó la presentación y fue como si toda la tensión acumulada se moviera directamente a mis pies, para ese momento ya estaban sangrando gracias a la fricción.

Nuestro asesor también tenía dos equipos participando (nosotros éramos uno de ellos). El otro equipo parecía mucho más cercano a él porque pasaba más tiempo con ellos, seguían más sus recomendaciones y, desde fuera, parecían el equipo lógico para avanzar. Nosotros no nos molestamos en seguir sus sugerencias, simplemente intentábamos resolver las cosas a nuestra manera y viéndolo ahora, creo que lo ignoramos gran parte del evento.

En algún momento uno de mis amigos le preguntó qué ocurriría si ambos equipos pasaban a la siguiente etapa y respondió que uno tendría que cambiar de asesor. Entonces le preguntamos cuál de los dos equipos dejaría. Se hizo el loco, cambió de tema, ignoró la pregunta y después de un rato volvieron a preguntarle a quién nos pondría como asesor y esta vez sí se quedó pensando. Creo que de verdad lo estaba pensando seriamente. Al final nunca nos dio una respuesta, pero se hizo chiste mientras estábamos ahí.

Cuando llegó el momento de anunciar los resultados ocurrió algo que tampoco había contemplado. Yo solo veía dos posibilidades: ganar o perder. Nunca pensé demasiado en lo que existía entre ambas y terminé justamente ahí, en segundo lugar.

No estaba segura de querer ganar. No quería perder, pero tampoco quería ganar. Perder habría sido frustrante y ganar habría significado pasar a la siguiente etapa. Tampoco estaba segura de querer eso. Así que el segundo lugar me pareció una solución bastante razonable hasta que descubrí que de todos modos pasábamos a la siguiente etapa.

Y ahí fue cuando entendí cuál era realmente el problema. Durante mucho tiempo pensé que el problema de participar era que las cosas salieran mal, que el proyecto no funcionara, que no nos alcanzara el tiempo, que no supiéramos resolver algo (que de todos modos tuvimos que aprender bastantes cosas en ese momento) o que perdiéramos. Resultó que estaba equivocada. 

El verdadero problema apareció cuando las cosas comenzaron a salir bien, porque cada vez que algo salía bien desaparecía una de las razones que tenía para convencerme de que aquello no era para mí. Ya no podía decir que no estábamos preparados, que no éramos capaces o que esas cosas eran únicamente para personas mucho más apasionadas que nosotros.

Y ahora tampoco puedo decir que la historia terminó ahí, porque de alguna manera seguimos avanzando. La situación se vuelve todavía más absurda cuando una de las recompensas por avanzar es liberar créditos académicos, la siguiente etapa ayuda con el servicio social y la última con las residencias profesionales. Yo ya estoy a punto de comenzar mis residencias. Así que, de todas maneras no podemos aprovechar esos beneficios.

Después de todo esto, creo que lo que más me sorprendió no fue el resultado, fue descubrir cuánto disfruté el proceso. Me gustó resolver problemas bajo presión, me gustó aprender cosas nuevas porque las necesitábamos en ese momento, me gustó atreverme a intentar cosas que parecían demasiado complicadas para el tiempo disponible, me gustó construir algo que no estaba completamente segura de que fuera a funcionar y ver que al final sí funcionaba y me gustó trabajar con mis amigos (aunque hubo pequeñas diferencias en el proceso).

Y creo que, de alguna forma extraña, también me recordó por qué elegí esta carrera. No porque ahora esté completamente segura de querer dedicarme a esto durante el resto de mi vida (la verdad es que sigo sin saberlo). Pero durante mucho tiempo había sentido que avanzaba por la carrera casi por inercia, entregando tareas, terminando proyectos y cumpliendo con lo que seguía. El Hackatec me obligó a recordar una parte que había olvidado: que realmente disfruto crear cosas y resolver problemas.

Aunque ahora, viéndolo un par de meses después, vuelvo a sentir que no quiero continuar con la siguiente etapa.

2 comentarios:

  1. Que bonito es leer que al final pudiste disfrutar el proceso, deseo que a pesar de las dudas y todo te vaya muy bien y puedas superarte. Por cierto, me encanta la forma que tienes de contar la historia.

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  2. JAJAJA lo mejor de toda la historia es que básicamente fueron pasando de «ojalá ocurra algo para no tener que ir» a «qué cagado sería ganar» y terminaron descubriendo que, efectivamente, sí eran buenos en esto .

    Pero fuera de eso, me gustó mucho lo que cuentas sobre descubrir que el problema no era que las cosas salieran mal, sino que empezaran a salir bien. A veces una se convence de que ciertas experiencias son «para otro tipo de personas», para los que están súper apasionados, preparados o tienen clarísimo qué quieren hacer con su vida… y resulta que una llega casi por accidente, se ríe medio evento, ignora al asesor, queda de última en todos los sorteos y aun así termina demostrando que puede hacerlo bastante bien. XD

    Y creo que haber recuperado un poquito de ese «me gusta crear cosas y resolver problemas» ya hizo que valiera la pena participar, incluso si ahora miras la siguiente etapa y piensas: «ah, no, otra vez no quiero ir» JAJAJA.

    Eso sí: los zapatos hasta hacerte sangrar NO la verdadera prueba del Hackatec resultó ser sobrevivir a la ropa formal.

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