Hoy me desperté sin ganas, sin pistas que seguir ni nada que rasguñar.
El sol entraba suave, como si no quisiera molestar. Y aún así, me molestó. No porque diera luz, solo por no traerme nada nuevo.
Caminé un poco por mi cabaña; probé morder una hoja seca, pero no sabía a nada interesante; subí a la mesa, me bajé y me subí otra vez; me tiré en el suelo; me cambié de rincón. Nada estaba mal, pero nada me llamaba.