Me dolía la existencia entera desearlo, pero estaba tan desesperada que ya no sabía que más hacer. Ya no soportaba ver a la persona que más amaba de esa forma y ella tampoco soportaba estar así.
Me aterraba pensar que ese momento llegaría y deseaba que nunca llegara el día que eso pasara; y después, aunque fuera extremo pensarlo, ya no sabía que más hacer. No soy y nunca fui creyente, pero rezaba porque pasara, no porque realmente lo quisiera, sino porque a ese punto ya era lo menos doloroso.
Incluso ahora me cuesta pensar que llegué a desearlo, porque al final se cumplió, pero no estoy agradecida por eso. Estoy molesta con la vida por todo lo que pasó.
Nuevamente ese deseo llegó. La vida sin ella se ha vuelto solitaria otra vez. No me acostumbro a la idea de que ya no está conmigo.

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