Día incierto, hora indeterminada
Hoy me senté en el borde del techo a observar cómo el viento se llevaba las palabras que no dije.
No era un día especialmente triste, ni especialmente claro. Simplemente era uno de esos días en que el corazón se siente como una habitación en la que alguien dejó una ventana abierta y no sabe por qué.
Hay una flor en el patio que alguien plantó.
No supe si me gustaba o si quería que se quedara. La miré como se mira algo hermoso que no sabes si te pertenece.
A veces me pregunto lo que siento, pero soy un gato sin nombre. No sé si lo que siento tiene forma.
Me quedé un rato en silencio. Y en ese silencio algo se movió. Tal vez no era un sentimiento, quizás solo era el viento.

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