5.6.26

Ruido

Día incierto, hora indeterminada.

Hoy regresé a mi cabaña con la cabeza llena de ruido. No era un ruido que pudiera escucharse desde afuera ni algo que hubiera entrado conmigo por la puerta. Era más bien una sensación extraña, como si hubiera caminado durante horas cargando un saco invisible sobre los hombros. Las palabras exactas ya empezaban a borrarse mientras avanzaba por el camino de regreso, pero la sensación seguía ahí, pegada entre el pelaje y el suéter, ocupando espacio incluso cuando intentaba pensar en otra cosa.

Intenté distraerme con algunas tareas pequeñas. Ordené un poco el taller, acomodé algunas cosas que estaban fuera de lugar y hojeé la bitácora sin encontrar nada que quisiera escribir. Sin embargo, el silencio a mi alrededor no lograba hacer desaparecer lo que traía encima. Era como si ciertas palabras dejaran residuos, pequeñas astillas difíciles de encontrar y todavía más difíciles de sacar. Aunque el lugar estaba tranquilo, seguía sintiendo ese cansancio raro que aparece cuando uno pasa demasiado tiempo rodeado de cosas que preferiría no escuchar.

Después de un rato abrí la caja de materiales. No buscaba nada específico, a veces solo me gusta revisar lo que guarda para recordar que todavía existen cosas capaces de convertirse en algo nuevo. Fue entonces cuando encontré un botecito de pintura. No era un objeto especialmente raro ni diferente a otros que han aparecido antes, pero aun así me hizo detenerme un momento. La sostuve entre las patas y pensé en todas las cosas que todavía no existen y que podrían nacer de algo tan pequeño.

No solucionó nada de lo que había ocurrido durante el día. El ruido seguía ahí, más lejano que antes pero todavía presente, como un susurro perdido entre los árboles. Sin embargo, por primera vez desde que regresé, sentí algo parecido al entusiasmo. Pensé en pintar, pensé en hacer un retrato y pensé en llenar una página nueva con algo que no estuviera hecho de preocupaciones. A veces las cosas buenas no son grandes ni espectaculares, a veces son solo una pintura nueva encontrada en el momento adecuado.

Antes de dormir la volví a guardar en la caja, junto a los demás materiales que he ido reuniendo. El día no terminó siendo bueno, pero tampoco terminó vacío. Entre todo el ruido, las molestias y las palabras que hubiera preferido no cargar conmigo, conseguí encontrar algo que me recordó que todavía tengo ganas de crear cosas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario